Carta a la mujer detrás de mí en la fila del supermercado

Generosidad

Una muestra de generosidad.

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Un mensaje que publicó The Huffington Post


Esta carta fue publicada por la versión digital de The Huffington Post.

Querida mujer que se formó detrás de mí en la fila del supermercado,

Usted no me conoce. No tiene ni idea de lo que ha sido mi vida desde el 1 de octubre de 2013. No tiene ni idea de que mi familia parece estarse yendo por el escurridor. No tiene ni idea de que nos hemos enfrentado a múltiples penurias. No tiene idea de cómo hemos sido humillados.

Usted no sabe que han sido más los días que he llorado que los que no lo he hecho, que lucho contra la amargura de tomar el control de mi corazón. No tiene idea de que el orgullo de mi marido se hizo añicos. Usted no tiene ni idea de que mis hijos han tenido la preocupación sobre sus hombros que es propia de un adulto. No tiene idea de que su inocencia les fue arrebatada sin una buena razón. Usted no sabe nada de eso.

Lo que no sabe es que traté de comprar a mis hijos un poco de comida y que la máquina EBT no funcionaba, así que no podía comprar ese alimento. Yo no llevaba conmigo nada de dinero ni una tarjeta de crédito. Solo tenía mi tarjeta de SNAP (Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria, administrada por el gobierno federal para las familias de bajos ingresos que no pueden pagar el costo de su factura mensual de alimentos).

Todo lo que escuchó usted fue a mi diciéndole que no lo hiciera por mí, sino por mis hijos que tienen hambre y yo no tenía –ni tengo—forma de pagar por la comida. Usted no me juzgó, no dijo "tal vez deberías haber tenido menos hijos", no me recomendó que consiguiera un trabajo ni que aprendiera a sostenerme por mí misma. Usted no apartó la cara con vergüenza. Usted no hizo ninguna hipótesis en absoluto.

Lo que usted hizo fue pagar los 17.38 dólares de la factura del supermercado para nosotros. Usted le dio a mis hijos plátanos, yogur, jugo de manzana y palitos de queso, y un té helado de durazno a mí; un lujo y derroche raro. Prometo, a través de mis lágrimas que le pagaré este dinero. Pagaré la factura de los alimentos de alguien.

Esos 17.38 dólares no pueden haber sido mucho dinero para usted, pero no tienen precio para nosotros. En el auto, mis hijos oraron por usted, nuestro “ángel disfrazado”. Ellos oraron por usted, que vino a restaurar parte de nuestra fe perdida. Una acción simple y pequeña que cambió nuestras vidas. Usted probablemente se haya olvidado de nosotros, pero nosotros no nos hemos olvidado de usted. Usted siempre será parte de nosotros a pesar de que ni siquiera sabemos su nombre.

No tiene ni idea de lo agradecida y avergonzada que me siento de que tengamos que pagar por todos nuestros alimentos con SNAP. Comemos bien gracias al gobierno. Me encanta que el gobierno se asegure de que mis hijos estén bien cuidados, lo cual es una preocupación menos para nosotros.

Solo los más cercanos a nosotros saben por qué estamos en SNAP. Ellos saben que mi marido es un gran trabajador que fue despedido después de 17 años de un puesto de alta gestión en su antigua compañía. Ellos saben que nos mudamos a otro estado porque la casa en la que vivíamos nos la quitaron con el trabajo que mi marido perdió. Solo los más cercanos a nosotros saben que mi marido trabaja jornadas cortas mientras busca incansablemente algo más, que ha presentado más solicitudes que las llamadas que ha recibido para ser entrevistado.

No es fácil para un hombre de cuarenta y tantos años hallar un trabajo para mantener a una familia de cinco hijos.

Usted no sabe nada de esto, pero no deje que esto le impida ser compasiva y generosa con alguien a quien no conoce.

A la mujer que se formó detrás de mí en el supermercado, no tiene idea de lo mucho que le apreciamos. No tiene idea del impacto que ha tenido en mis hijos. No tiene idea de lo increíblemente agradecida que estoy con usted. Su acción puede haber sido pequeña, pero para nosotros fue monumental. Gracias.

Gracias por no habernos juzgado. Gracias por darle a mis hijos un refrigerio cuando se encontraban hambrientos. Gracias. Solo gracias.

Siempre,

Andrea, la mujer que estaba delante de usted en la fila del supermercado con el carro lleno de niños que ya no tienen hambre.