El país más rico del mundo no es el más feliz

Qatar

Qatar, el país más rico del mundo.

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La historia de Qatar


Gracias a su gas y su petróleo, Qatar se ha convertido en el país más rico del mundo, pero esa riqueza quizá no haya alcanzado para alegrar a loa cataríes.

“Nos hemos vuelto urbanos. Nuestra vida social y económica ha cambiado, las familias se han separado y la cultura del consumo ha ganado terreno”, dice Kaltham Al Ghanim, profesor de sociología de la Universidad de Qatar.

La web BBC Mundo afirma que la que fuera una nación extremadamente pobre hace un siglo, Qatar se ha vuelto el país más rico del mundo, con un ingreso per cápita de nada menos 100,000 dólares.

Doha, la capital de Qatar, es un sitio en construcción. El país dispone de 200,000 millones de dólares para gastar en estadios e infraestructura de cara al Mundial de Fútbol de 2022. Lo que fuera una costa totalmente plana, hoy en día se encuentra en plena obra o a mitad del proceso de demolición.

Según los medios locales, el 40 por ciento de los matrimonios llegan al divorcio. Más de dos terceras partes de la población –niños y adultos—son obesas.

Educación y medicina gratuitas, trabajo garantizado, subvenciones para la compra de viviendas, ninguna cuota por el agua o la electricidad son algunas de las ventajas de los cataríes, aunque, resalta el medio, la abundancia les trajo problemas.

“Es desconcertante para los estudiantes que se gradúan enfrentarse con 20 ofertas de trabajo. La gente se siente muy presionada para tomar la decisión correcta”, cita el medio a un académico del campus universitario de Qatar.

Además, los mejores trabajos terminan en manos de los extranjeros, indican los residentes de larga data en el país, donde los inmigrantes superan en 7 a 1 a los cataríes.

Niñeras traídas de Filipinas, Nepal o Indonesia se encargan de criar a los niños en Qatar, lo que hace que la brecha cultural cada vez sea más amplia entre las distintas generaciones.

“Es doloroso perder la intimidad familiar. Antes podías ser rico si trabajabas, y si no lo hacías, no. El gobierno está tratando de ayudar, pero las cosas están cambiando muy rápido”, dice Umm Khalaf, una mujer de unos 60 años, a BBC Mundo.

Un antropólogo estadounidense citado por el medio resume lo que pasa en el país: “Tengan un poco de solidaridad con los cataríes. Han perdido casi todo lo que les importaba”.